La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder
profundizar y empatizar más con las cosas.
Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto
de aprendizaje vital.
Ser parte de esa 20% de la población que se reconoce
a si misma como una persona altamente sensible (PAS)
no es una desventaja, ni te etiqueta como diferente.
Es muy posible que a lo largo de tu vida , y en especial
durante tu enfancia, fueras muy consciente de esa distancia
emocional y de , como en ocaciones, tenías la sensación de vivir
en una especie de burbuja de extrañeza y de soledad.
Las personas de alta sensibilidad cuentan con estos 4 dones...
Ya desde la infancia el niño con alta sensibilidad va a percibir
aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de
angusta, contradicción y fascinante curiosidad.
Sus ojos captarán aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.
Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven.
Verán el mundo con la mirada del niño que se abre tempranamente
al mundo de las emociones sin saber aún qué las guía,
qué las hace vibrar, o qué afila el sufrimiento adulto.
La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero
a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás,
a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías.
2. El don de disfrutar de la soledad.
Las personas altamente sensibles encuentran cierto placer en sus
instantes de soledad.
Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura.
Y, aunque ello no quita de que disfruten también de la compañia de otros,
es en soledad cuando más satisfacción encuentran.
Son esos instantes en que pueden conectar más intimamente con ellos mismos
con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.
3. El don de una existencia desde el corazón.
A la hora de hablar de las personas de alta sensibilidad se les
asocia a menudo al sufremiento, a su tendencia a las depresiones, a la
tristeza , a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente
al comportamiento de la gente.
No obstante, hay algo que el resto no sabe...
pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado.
Y no hablamos solo de las relaciones afectivas.
La amistad, el cariño cotidiano, o, el sencillo acto de experimentar la belleza
de un cuadro, de un pasisaje o de una melodia es un vivencia intensa.
4. El don del crecimiento interior.
La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con esa particularidad
que ya se puede ver muy claramente desde que un niño es bien pequeño.
Sus preguntas, su intuición, su tendencia al perfeccionista, su umbral
al dolor físico, sus molestias ante luces y olores fuertes,
su vulnerabilidad emocional.
No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es
y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender
a gestionar muchos de esos detalles.
Se debe aprender también que los demás van a otro ritmo, que no
tienen el mismo umbral emocional.














